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Explorando

Project managers a demanda

No todas las integradoras tienen un project manager en plantilla, y hay proyectos que lo piden a gritos. La idea es que Level AV pueda poner ese perfil solo mientras dura el pico, con el contexto del proyecto ya dentro.

Una integradora gana un despliegue de 40 tiendas en ocho provincias. Buena noticia el lunes, y a partir del martes empieza lo otro: cuadrar 40 fechas con 40 responsables de tienda, cerrar los permisos de acceso de cada centro comercial, comprobar que el material llega antes que el técnico, mover media agenda porque en tres sitios hay obra civil sin terminar, contestar al cliente que pide un estado cada viernes. Y todo eso lo lleva la misma persona que está preparando el presupuesto del proyecto siguiente, normalmente el gerente o el responsable técnico, a ratos y entre llamadas.

Aquí está el problema de fondo: la coordinación de un proyecto grande es un trabajo a jornada completa, pero solo durante unas semanas al año. Contratar a un project manager fijo para tres picos anuales no sale a cuenta, y muchas integradoras excelentes en lo técnico no lo tienen ni lo van a tener. Así que el coste no desaparece, cambia de sitio: se paga en horas del gerente que no se dedican a vender, en fechas que se mueven dos veces, en un cliente que llama porque nadie le ha llamado antes. O se paga en el peor sitio de todos, dejando pasar el proyecto por miedo a no poder con él.

Nuestra idea es que la integradora pudiera incorporar un project manager a demanda desde la propia plataforma, para un proyecto concreto y durante el tiempo que ese proyecto dure. Alguien con oficio en instalación audiovisual que se hiciera cargo de lo que se come las horas: la agenda, la coordinación con los técnicos, el seguimiento del material, las incidencias del día a día y la interlocución ordenada con el cliente final. Cuando el despliegue termina, esa persona sale. Sin nómina nueva, sin estructura permanente para un pico temporal.

Lo que hace esto distinto de buscar a un freelance por tu cuenta es que el contexto ya estaría puesto. El proyecto, sus órdenes de trabajo, los técnicos asignados, los albaranes firmados y las conversaciones viven en el mismo sitio. No habría que montar una hoja de cálculo paralela ni ponerle al día en cinco llamadas: entraría con acceso acotado al proyecto que gestiona, trabajaría con la información que ya está ahí y dejaría el rastro dentro, no en su bandeja de entrada. Cuando se va, no se lleva el proyecto en la cabeza.

Ganan los tres lados. La integradora gana capacidad sin plantilla y puede presentarse a despliegues que hoy le vienen grandes por coordinación, no por técnica. Los técnicos ganan lo que más piden en proyectos multisede: un interlocutor único que responde, en vez de tres personas que dicen cosas distintas. Y aparece un hueco para un perfil que hoy no encaja del todo en el sector, gente con años de obra y de gestión que podría vivir de coordinar proyectos ajenos.

Seremos honestos con lo difícil, que no es la herramienta: es la confianza. Un mal coordinador hace más daño que ninguno, así que esta idea solo tiene sentido si el estándar es alto y verificable. Qué se le exige a ese perfil, hasta dónde llega su mando, cómo se acuerda el precio y quién responde si algo sale torcido son preguntas abiertas que queremos responder con el sector, no en una pizarra.

Si coordinas proyectos, ya sabes de qué semana te estamos hablando. Dinos abajo si esto te serviría.

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